El 20 de marzo de 2020 cambió por completo la forma en la que estudiamos y aprendemos inglés. El inicio de la cuarentena dio un giro de 180º en el modo en que interactuamos, modificando por completo el ambiente donde se desarrolla la enseñanza, especialmente para los más pequeños.

Para IICANA fue un gran desafío desarrollar una metodología que no era nueva para el Instituto, pero que de opcional se transformó en la única alternativa disponible. Y con esto, trajo consigo un profundo aprendizaje y adaptación que tanto docentes, como alumnos y padres, han afrontado con responsabilidad y resiliencia.

Frente a esta situación, dialogamos con Eleonora Salas, actual Directora Académica de IICANA y docente desde 1981, quien nos comenta cómo fue el proceso de adaptación del personal educativo y los alumnos.

Eleonora Salas, actual Directora Académica de IICANA y docente desde 1981.

¿Cómo hicieron para adaptarse a este nuevo panorama educativo?

El momento transformador que vivimos nos golpeó, primero con mucha incertidumbre y angustia, que aún sufrimos, pero con esperanza de solución. Ante el trauma inicial de la crisis elegimos responder como docentes rápidamente, capacitándonos en un entorno que no era amigable y accesible para todos. Ha sido difícil y es un camino que iniciamos como un gran desafío, pero con el entusiasmo de que el paisaje que encontremos en nuestro recorrido será más bello e interesante cada día.

¿Cuál es el mayor desafío que deben afrontar como docentes?

Alumnos, docentes y padres reconocemos que es muy importante crear la conexión personal dentro del curso a pesar de no estar físicamente en el mismo sitio, cuidando las emociones de todos los participantes, con confianza y respeto mutuos para generar un sentimiento de seguridad y de pertenencia al grupo. La colaboración entre docente y alumnos, entre los mismos alumnos, y entre docentes, alumnos y padres, como así también la empatía lograda al ponernos todos en el lugar del otro, ha sido y seguirá siendo fundamental en el entorno virtual, como lo es en el presencial.

¿De qué manera logran esa conexión?

La conexión personal dentro del curso se logra en la práctica estableciendo los canales de comunicación para la clase (plataforma educativa, correo electrónico, Whatsapp, videoconferencia, etc.), organizando el ambiente de aprendizaje a través de reglas claras sobre cómo nos desempeñamos todos los actores (alumnos, docentes y padres).

“La empatía lograda al ponernos todos en el lugar del otro, ha sido y seguirá siendo fundamental en el entorno virtual, como lo es en el presencial”.

¿Cómo es el trabajo de adaptación de los docentes y alumnos?

Al igual que en las clases presenciales, es importante establecer rutinas de acción, tales como establecer los objetivos que nos proponemos en cada clase y en el curso en general, los pasos que seguiremos para alcanzar esos objetivos, cómo damos y pedimos “feedback” sobre nuestro desempeño. Pero también, cómo utilizamos las herramientas digitales, cuándo estamos disponibles para una comunicación individual offline y cuándo no, de qué manera trabajamos en el encuentro en vivo (con cámara, sin cámara, con micrófono, cuándo silenciarlo, cuándo usamos chat, etc.)

Por el lado del alumno, también hay un gran trabajo de adaptación que incluye la tarea de hacerse cada vez más responsables de su aprendizaje, cómo tener acceso a todos los materiales del programa, cómo y cuánto aprovechar los sitios educativos, videos, podcasts, que el docente sugiere, cómo prepararse para cada encuentro online, cómo editar y ensayar las producciones antes de compartirlas, o cómo practicar resumiendo el contenido de la clase para un compañero que no pudo asistir.

Es decir, tanto docentes como alumnos han tenido una gran tarea de adaptación, y afortunadamente, con una gran predisposición de todas las partes.

¿Y cómo ha sido el proceso en los niños y padres?

Ha sido muy satisfactorio. Como padres, debemos sentirnos orgullosos de que en momentos de tanta angustia decidimos invertir nuestro tiempo y recursos en acompañar a nuestros hijos en su proceso de aprendizaje, guiando, escuchando, preguntando, dialogando con los docentes, proporcionando el espacio físico, instaurando la rutina de trabajo diario, decidiendo si permitimos compartir o no grabaciones o filmaciones que nuestros hijos hagan para la clase, cuidando la privacidad individual y de la familia, siguiendo las actividades que los docentes proponen, pero dejando que los niños y adolescentes las realicen por sí mismos.

“Como padres, debemos sentirnos orgullosos de que en momentos de tanta angustia decidimos invertir nuestro tiempo y recursos en acompañar a nuestros hijos en su proceso de aprendizaje”.

La pandemia ha sido, sin lugar a duda, un gran desafío para el mundo educativo, que ha tenido que enfrentar en tiempo récord un nuevo paradigma que, muy probablemente, haya llegado para quedarse.

“La única certeza que tenemos es que esta pandemia y el confinamiento nos presentan la oportunidad de desarrollar en nuestros hijos nuevas competencias que los ayudarán a enfrentar el futuro con confianza y esperanza”, afirma Eleonora: “La colaboración entre todos, docentes, alumnos y padres, es lo que seguirá marcando el camino a seguir. Como suele decirse: ‘We are all in this together’ ”.

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